Karim Nagi, la danza oriental hecha música Universal

Escrito por | Entrevistas, News, Review

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El defensor más ecléctico de la tradición de la música árabe.

El bailarín músico que cuenta historias únicas desde el folclore. Él es Karim Nagi, maestro que a través del mundo, ha enseñado a los bailarines como tener una conexión con la música, habla de la tradición, la fusión, y sobre todo, la danza.

En un escenario global donde de las expresiones de la tradición son etiquetadas como “étnicas”, y a su vez, donde cualquiera de ellas es mezclada con otros elementos en pro del mercado, una única voz pudo sobresalir en medio de toda la parafernalia y dar una lección de cómo contar historias auténticas, evadiendo estos clichés con maestría y creatividad. Él es Karim Nagi, quien pudo crear, desde los sonidos electrónicos hasta el hip- hop, y desde lo más esencial de la cultura y música árabe, música y danza que trascendió fronteras y que le dio a esta una mirada totalmente distinta.

“Solo quiero que los bailarines sean más musicales, y culturales…”

Una mirada que ha hecho que millones de bailarines a nivel mundial, no solo se hayan dejado contagiar de su música: Karim Nagi, músico, percusionista, bailarín, purista meticuloso y sobre todo, ecléctico arriesgado, ha permitido que ellos se conecten con la esencia de la melodía y ritmo árabe a través del cuerpo, con un método de enseñanza que ha sistematizado y rendido el movimiento ante cada una de las complejidades de su interpretación “Solo quiero que los bailarines sean más musicales, y culturales. He conocido bailarines que tienen más “relación con la música”. Estos danzan acorde con lo que oyen, y están motivados por la música a bailar. (…) Cuando tú aprendes a interpretar la música árabe, cuando te has acostumbrado a escuchar canciones clásicas, algo milagroso ocurre. La música es familiar, y la música inspira el movimiento”, afirma el hombre que convirtió lo subjetivo de la interpretación en un método más accesible para aquellos que se inician dentro de la complejidad, belleza y rigor de la Danza Oriental.

Y así como esta, la música es para Karim el lenguaje máximo y único, el que conecta tanto la esencia primordial de las canciones de su cultura, como lo que permite que los bailarines sean parte importante dentro de sus propias creaciones. Por eso, a pesar de haber establecido con virtuosismo el montaje escénico del instrumento como único protagonista, como el Sagat (y de paso, ser el pionero en establecer un método de toque ambidextro de este instrumento), él sabe que es posible innovar, sin imitar, sobre todo a la hora de expresar en una canción lo que los árabes ya saben: El sentimiento, el alma “Siempre he escuchado que los bailarines debaten “¿Debo sonreír todo el tiempo en escenario? Para mí, es como si un actor siempre sonriera en una película, así otra persona estuviese muriendo. La música tiene tantas emociones como una película. Cada melodía te ofrece algo, así como la letra. Las caras que ves en Dina, son la expresión, la reacción de aquellas letras” , afirma.

“Siempre he escuchado que los bailarines debaten “¿Debo sonreír todo el tiempo en escenario? Para mí, es como si un actor siempre sonriera en una película, así otra persona estuviese muriendo. La música tiene tantas emociones como una película. Cada melodía te ofrece algo, así como la letra.”

Tristeza, alegría. Rápido, lento, contenido, expansivo. Aparte de enseñar todos estos elementos para mejorar la interpretación del bailarín y crear una conexión personalizada, Karim sabe, más que nunca, como interpretar la emoción y contar algo nuevo y original. Palabras trilladas, pero en su caso, completamente aplicables. Es purista al bailar, pero al mismo tiempo, parece una solitaria flor en un jardín lleno de imitaciones de teatralidad y rudimentos básicos de un género tan exigente y tan desconocido aún (por lo menos comercialmente) en Suramérica, como lo es el folclore.

Al bailar Raks Al Assaya, sus pasos son los mismos, pero las cadencias son distintas, al igual que su expresión, totalmente singular. Una que se reconoce como propia y no como imitación de otros .Y por esto, el le ha dado un toque oxigenante al género: Ha sido uno de los pocos maestros que ha hecho del folclore una expresión, sobre todo en Europa y Estados Unidos, tumbando cualquier mito sobre su poca “comercialidad”. Casi nadie se lanza, sobre todo en el ámbito Occidental, con un DVD solamente de folclore, y en las escuelas son pocos los maestros que enseñan con todo el rigor. Pero él lo hizo con el dabke, y también con el popular “saidi”. Y tuvo bastante éxito.

Con esto, Karim demostró que solo hay un camino: La innovación con conciencia. El sostiene que es necesario pertenecer a una tropa de folclor para conocer las reglas, necesarias para llegar a conocer su identidad en el camino de este género en la Danza Oriental, del que el mismo se define como uno de sus más importantes exponentes “Soy purista, y siempre este elemento ha sido mi impulso para innovar.(…) Mis gustos presonales son puristas, pero motivo a cada artista a ser responsablemente innovador. Algunos me llaman una exhibición de museo, otros me llaman un “derribador de estatuas”. Pero sé quien soy. Soy el futuro del folclor. Construyo estatuas para museos que aún no son construidos”, declara este maestro y percusionista, que ha sido el primer exponente de la música árabe en fusionar toda su tradición con ritmos tan impensables como el Hip Hop , o el mismo Wolfgang Amadeus Mozart.

En la fusión está la esencia

Paradójicamente, uno de los más actuales defensores del purismo de la música y Danza Oriental, ha sido el más prolífico y ecléctico a la hora de fusionar melodías y ritmos en apariencia dispares, y no teme a los riesgos, eso sí, respetando tanto técnica, como contextos y orígenes de la música en cuestión “Pienso que podemos respetar algo conociéndolo, amándolo antes de presentarlo en un nuevo contexto. Claro, hay elementos técnicos que necesitamos a la hora de fusionar. Necesitamos que las melodías se ajusten naturalmente, y no siempre es técnicamente posible. Igualmente, muchos géneros de música tradicional no siempre tienen el mismo ritmo, o velocidad. Quien fusiona debe tener sensibilidad técnica y respeto por los orígenes, para hacer esta feliz combinación”, reveló.

Y no es para menos. La tabla y Mozart no combinarían, pero el pudo hacerlo posible. O mezclar la tabla en una canción que tiene rasgos “indie” (‘Everybody Yallah’), y que alguien nunca imaginaría siendo interpretado en un escenario, esto también lo hizo posible. Para Karim Nagi existe lo ‘Nuevo’, sin tener que recurrir al cliché, o hacer experimentos que no transmiten mensaje alguno. Y esto también es relativo “ La tradición fue una innovación cuando ocurrió. Mucha gente dice que Oum Kalsoum es parte de la tradición, pero en los años 30 ella era novedosa. La tradición solo es un término cronológico, aunque cuando hablamos de folclore, es necesario innovar. Puedes contar algo nuevo, con los mismos elementos”, admite. Un término que igual, en la escena de la Danza

Oriental a nivel mundial, necesita delinear sus límites, y crear una identidad única.

Por supuesto, hacer eso realidad, ha sido una casi que solitaria lucha que Karim ha dado por muchos años, no solo con conferencias y charlas sobre cómo identificarse más allá de una etiqueta impuesta por prejuicios , sino con sus actuaciones y su Tabla bajo el brazo. Con esta ha recorrido el mundo y llevado a músicos y bailarines a experimentar en sus roles opuestos, y así mismo, los invitado a experimentar apasionadamente en un mundo donde lo autóctono debe ir más allá de lo comercial. Y también, con esta, ha hecho de la danza oriental una música que une distintos lenguajes, que no deja indiferente al escucha o bailarín, y la ha llevado a niveles distintos: A ostrar que en la fusión está la esencia, pero esta implica conocimiento, trabajo y amor por una cultura e historia, o miles de historias que vayan más allá de la mirada fría, efímera y banal de la espectacularidad. Y ha sido complejo “Yo me siento una voz desesperada y solitaria, algunas veces. Mucha gente baila por ego o vanidad. Otros ven solo las cualidades sensuales de la danza. Pero cada maestro famoso que conozco, cree en el significado de lo cultural.

Creen en el arte antes que en el entretenimiento. Los maestros que insisten en mejorar los estándares, nunca sucumben a las vanidades del entretenimiento. Ellos desean educar al público. Y claramente, la expresión cultural viene de una relación entre música y danza. El bailarín debe tener una historia que contar. El problema de muchos productos comerciales son mensajes simples, solo rebelión ciega, ego, simple amor sensual. Pero las danzas artísticas deben tener narración y mitología, contar descubrimientos”, afirma este contador de historias, que siempre piensa desde la suya como un mar de posibilidades creativas, e insiste en que la Danza Oriental debería tener un lenguaje estandarizado y aprobado académicamente, tal y como el Ballet, o el Jazz.

“El nivel es demasiado alto en Suramérica. Amo que lo llamen “Danza Árabe” y no BellyDance. Y creo que los Latinoamericanos aman la cultura árabe, y no se aterran de ella como en Estados Unidos”

Claramente, al ser consciente de que su danza y música es un mundo entero, Karim no es indiferente a lo que pasa alrededor del mundo con una danza que toma fuerza a nivel mundial, y que en Suramérica crece “El nivel es demasiado alto en Suramérica. Amo que lo llamen “Danza Árabe” y no BellyDance. Y creo que los Latinoamericanos aman la cultura árabe, y no se aterran de ella como en Estados Unidos”, confiesa sin tapujos el músico bailarín que le apostó a su tradición y la trata de llevar lejos de la Torre de Babel que han construido de ella, para convertirla en una expresión poderosa, y sobre todo, universal y mágica.

Entrevista realizada por la periodista colombiana Lux Lancheros.
Facebook: Lux Lancheros

 

Última modificación: 19 de mayo de 2017

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